lunes, 15 de abril de 2013

Camino de la prosperidad en el campo


Ingeniero agrónomo Ramón Padilla Sánchez.

   Algunos de mis lectores quizás conocieron personalmente al ingeniero Ramón Padilla Sánchez; otros le oyeron mentar, y habrá quienes no les suene su nombre, pero fue uno de los grandes agrónomos que ha dado el Estado de Jalisco; tuve la fortuna de conocerlo por los años 60 del siglo pasado, cuando él se desempeñaba como gerente del Banco de Crédito Ejidal, con sede en Guadalajara, mientras yo hacía mis pininos como reportero adscrito a la Plana Local del periódico El Informador.
   Como buen alteño, el ingeniero Padilla era franco, honrado, trabajador y enamorado de la tierra, de la agricultura, especialmente del maíz; fue maestro de tiempo completo y director de la Escuela de Agricultura de la Universidad de Guadalajara, creador del Sistema Zapopano para la Producción de Maíz y uno de los principales promotores del Plan Jalisco Agrícola que logró para esta entidad la primacía nacional en la producción maicera, dentro del equipo que formó el entonces gobernador y posteriormente secretario de Agricultura y Ganadería, profesor Juan Gil Preciado.
   Sus amigos agrónomos llamaban al ingeniero Padilla “El Rey de los Silos”, por su especial empeño en la construcción de estos depósitos de forraje verde para el ganado,  dentro del esquema que él mismo ideó para lograr la prosperidad agropecuaria.
   Durante una de las numerosas entrevistas que le hice, el ingeniero Padilla me entregó una tarjetita manuscrita por él mismo donde establecía los 14 pasos consecutivos para la prosperidad del campo. Hurgando en mis papeles encontré hace unos días este documento, que creo recobra hoy actualidad cuando tanto se habla de la bancarrota del campo nacional.

   En este Camino de la prosperidad no debe faltar el programa (qué, cuándo y dónde sembrar); el crédito para quienes no pueden auto habilitarse; fertilizantes, semillas mejoradas, insecticidas, mejoradores del suelo, maquinaria agrícola y silos de trinchera, en una primera etapa. Esto permite pasar a un segundo nivel que comprende  la explotación de vacas lecheras, engorda de ganado y animales de registro, para finalmente, con el apoyo del Gobierno, obtener precios de garantía y entrar a la industrialización agropecuaria y la organización del mercado.
   De hecho, el ingeniero Padilla demostró que las comunidades ejidales podían recorrer  en pocos años hasta los últimos tramos de este camino, al crear, apoyar y promover diversas industrias pecuarias en Amatitán, Jal., a donde frecuentemente llevaba a sus alumnos para que conocieran todo el ciclo productivo. 
   Si este camino de prosperidad se hubiera seguido en Jalisco y en todo México durante el último medio siglo, nadie estaría hablando hoy de bancarrota.


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