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miércoles, 26 de junio de 2013

Crece el descontento contra la clase política

Creatividad popular sin límite.

   Hoy la clase política mexicana no goza de sus mejores tiempos, al menos en lo que a imagen se refiere. Cansada de tanto desorden e impunidad, mucha gente cree que definitivamente no hay político bueno; dondequiera se habla mal de ellos, sin distinción de partidos.
   Sin embargo, tampoco sería justo generalizar, porque en política, como en cualquier otra actividad, hay de todo: regulares, malos, peores y uno que otro que trata de hacer las cosas bien, aunque no lo dejen.
   El hecho es que, de acuerdo con encuestas nacionales e internacionales, la clase política de México ha perdido imagen en los últimos años, debido, entre otras cosas, a las constantes denuncias de corrupción y a la injusticia imperante. El índice de 98 por ciento de delitos impunes es para alarmar a cualquiera.

Sólo 2 de cada 10 mexicanos confían en sus políticos

   De acuerdo con Indicadores de Gobernabilidad del Banco Mundial, la corrupción no sólo se incrementó en el país, sino que el control de la misma disminuyó en cinco puntos entre 2008 y 2010, ubicándose en el nivel más bajo de los últimos diez años.
   En el mismo sentido, reciente estudio de Opinión Pública de Latinoamérica señala que sólo 2 de cada 10 mexicanos confían en sus políticos. Esto es también alarmante, porque habla de un 80 por ciento de políticos que, lejos de servir al pueblo, como presumen, se sirven de él, y para colmo, con cinismo.

Justicia a secas, sin etiquetas, es el reto del gobierno

   El tema del momento en la sociedad mexicana es el deshonesto manejo de recursos en la función pública. La percepción general es que detrás de los  sonados casos de corrupción de líderes y exfuncionarios descubiertos hasta la fecha, hay muchos más que deben ser investigados y sancionados por los tribunales.
   La exigencia es ir a fondo en la lucha contra los corruptos, trátese de quien se trate. Actuar en estos casos sin etiquetas, al margen de cualquier revanchismo político, es el reto del gobierno. La gente quiere y exige justicia a secas, caiga quien caiga.

Hoy se acusa sin pruebas y se condena sin juicios

   Corruptelas siempre ha habido, pero han surgido dos elementos novedosos: primero, que el gobierno anterior descuidó la transparencia, importante en toda administración pública, y segundo, que los casos de corrupción se difunden mucho más que en el pasado, porque las redes sociales funcionan como cajas de resonancia. Vivimos en casa de cristal.
   Más todavía: si antes los medios de comunicación tradicionales, presionados por el aparato político-económico, trataron de ocultar actos ilegales, hoy sucede lo contrario: en las redes se acusa sin pruebas y se condena sin juicios.
   Lo cierto es que nos encanta criticar a los políticos, y qué bueno, pero con frecuencia olvidamos nuestras propias responsabilidades. Un dicho popular afirma que tanto peca el que mata la vaca como el que le tiene la pata, y si hablamos de corrupción en el gobierno, está claro que los ciudadanos tenemos parte de culpa.
   Tendríamos qué empezar por una participación responsable en las redes sociales, pero éste es otro tema que ofrezco abordar en próximo comentario.
   Imagen: https://www.facebook.com/mujeresenpolitica?fref=ts

miércoles, 19 de junio de 2013

En política no hay amigos

Asesinato de Julio César. Vincenzo Camuccini.

   Cuando un político cae en desgracia, lo primero que éste espera es el apoyo de sus amigos, pero lamentablemente ellos son los primeros en abandonarlo. Los políticos deben entender esta situación, sin embargo, la olvidan cuando se encuentran en la plenitud del poder; entonces creen que todo el mundo es suyo y que la gente los adora. Luego, al caer del pedestal, lamentan no haber comprendido la realidad de las cosas humanas, pero ya es demasiado tarde, el daño está hecho.
   La Historia de México y del mundo está llena de traiciones, donde los dizque amigos destacan entre los principales conspiradores y testigos contra políticos en desgracia. Jefes de Estado, caudillos y políticos de todos los niveles y de todos los tiempos han caído víctimas de quienes consideraban sus mejores amigos y protegidos. Ahí está el caso del emperador Julio César, asesinado por senadores que él creía amigos, entre ellos Bruto, al que amaba como un hijo (quizás lo era). De ahí su famosa exclamación: ¿¡Tu también, Bruto!?

¿A quién extraña que Ocampo y Elba Esther ya no tengan amigos?

   En estas circunstancias, no es extraño que el exfuncionario recientemente encarcelado y sometido a juicio por corrupción, Rodolfo Ocampo Velázquez, se haya quedado sin amigos de la noche a la mañana; los que se beneficiaron y aún se benefician con los apoyos y privilegios que él les diera, lo han olvidado ahora que se encuentra tras las rejas, y más aún, lo han negado, como San Pedro a Cristo, incluyendo en este caso a sus correligionarios del Partido Acción Nacional.
   Lo mismo le ha sucedido a Elba Esther Gordillo, la otrora poderosa lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que se gastó miles de millones de pesos en satisfacer sus gustos personales y los de sus amigos, a quienes les regalaba lujosas camionetas último modelo y viajes en alta mar, con todos los gastos pagados, pero ellos ya no quieren saber nada de ella: que se pudra en la cárcel, dirán hoy, al fin y al cabo no se llevó todo el dinero, aún dejó bastante.

¡Señor, líbrame de mis amigos!, decía don Sebastián

   Don Sebastián Lerdo de Tejada, el presidente mexicano que en la segunda mitad del siglo XIX fuera derrocado por su antes entrañable amigo y correligionario liberal Porfirio Díaz, dijo lo siguiente:
   En el primer año de mi gobierno tuve muchos amigos y pocos enemigos; en el segundo tantos amigos como enemigos; en el tercero más enemigos que amigos; y en el cuarto, todos eran enemigos!... ¡Todos!
   ¡Dios mío! –se pregunta el mismo don Sebastián- ¿será que lo mejor que hay en el mundo es el perro?
   Y lo peor –concluye- es que yo no escogía a mis amigos; ellos me escogían a mí... Alguien dice que el que hace un favor hace un ingrato. ¿Cuántas ingratitudes son necesarias para derribar a un amigo y pisotearlo?
   En fin, el tema da para mucho más, pero ya se agotó el espacio. Así que ¡suerte a los políticos caídos en desgracia y a los que están por caer!

   Imagen: Asesinato de Julio César. Vincenzo Camuccini. Wikipedia.

   Artículo relacionado:

miércoles, 6 de marzo de 2013

Impuestos iguales en un país desigual


¿IVA a medicinas?

   El gravamen universal a medicinas y alimentos amenaza con profundizar la desigualdad social en México, ya de por sí abismal, pues cualquier programa tendiente a mitigar los efectos de esta medida entre las clases populares, está condenado al fracaso, como ha sucedido hasta la fecha con otros de su tipo.
   Aunque uno de los principios de equidad fiscal es que los impuestos sean de aplicación general, en la práctica esto no es viable, ya que el rico puede asimilar los aumentos con cierta facilidad, mientras que al pobre le va en ello hasta la vida, sobre todo si se trata de artículos de primerísima necesidad, como son medicinas y alimentos.

México, un país socialmente desigual

   En otras palabras, no es justo aplicar impuestos iguales en un país socialmente desigual, pero por desgracia esto es lo que ha ocurrido desde hace muchos años en México, donde hasta las multas que aplica Hacienda por incumplimiento de obligaciones fiscales son las mismas para pequeñísimas empresas familiares que para los grandes consorcios trasnacionales. Nuestros legisladores debieran empezar por corregir este absurdo.
   ¿Cuál es el resultado de estas políticas? Que mientras unos cuantos mexicanos destacan año tras año entre los grandes potentados del mundo, más de la mitad de la población nacional vive en condiciones de pobreza, con frecuencia extrema.
   Ahora que se pretende aplicar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a medicinas y alimentos, abundarán los políticos que, en contrapartida, prometan medicinas gratis, incluso comedores públicos para todos los pobres, pero ninguna de estas medidas populistas dará resultado, porque como siempre ocurre, la mayor parte del presupuesto asignado a la asistencia social se quedará en el camino.
   Lo justo es que cada quien aporte al fisco según los bienes materiales de que disponga, y a los que difícilmente consiguen algo para saciar el hambre y curar sus enfermedades, si no hemos de ayudarles, ¿por qué cargarles la mano?

Fotografía: Javier Medina Loera.

miércoles, 20 de febrero de 2013

A 100 años del sacrificio de Madero


Francisco I. Madero.

   La noche del 22 de febrero de 1913 fueron asesinados Francisco Madero y José María Pino Suárez cuando eran trasladados a la Penitenciaría, en la Ciudad de México. Tres días antes la Cámara de Diputados había aceptado sus renuncias como Presidente y Vicepresidente de la República, respectivamente.
   Estos crímenes, atribuidos al general Victoriano Huerta, quien el 18 del mismo mes había asumido el poder civil y militar de la nación,  abrieron las puertas del infierno para los mexicanos, pues si el Presidente Madero hubiese terminado su mandato constitucional y avanzado en el cumplimiento de los anhelos revolucionarios de 1910, otra muy distinta hubiera sido la suerte del país.

Un Presidente desamparado del pueblo

   En primer lugar sorprendió en aquella época cómo un hombre de temple, como Madero, consintiese en renunciar a su alta investidura, allanando así el camino de la traición. Hay quienes señalan que lo hizo porque se sintió desamparado del pueblo y porque se le dijo que era esa la manera de salvar la vida de todos sus amigos presos.
   Hubo después otra renuncia incalificable: La del ministro de Relaciones maderista, que, por ley, se convertía en Presidente y que renunció al instante a fin de que la Cámara pudiese nombrar Presidente interino al propio Victoriano Huerta.

Hasta el Papa felicitó a Huerta

   En aquel tiempo todo indicaba que la gente, cansada de desórdenes, prefería el autoritarismo de los generales a la democracia maderista. El escritor José Vasconcelos, testigo de aquellos acontecimientos, informa que hasta el Papa Pío X felicitó a Huerta “por haber restablecido la paz” y le envió sus bendiciones.
   El asesinato de Madero y Pino Suárez constituye todavía un punto oscuro en la Historia de México, ya que el plan original, confirmado entonces por el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, era desterrarlo del país, para lo cual estaba listo un tren en la estación. Y además se dice que cuando Huerta recibió el informe de la “ley fuga” aplicada a Madero, exclamó sorprendido y molesto: “¡Ya hicieron mártir a este pen…!”
   Y en efecto, el abominable crimen desencadenó acciones militares que pronto arrojaron del poder al propio Huerta y regaron de sangre a la nación. Esto fue precisamente lo que trató de evitar en 1911 el dictador Porfirio Díaz cuando, presionado por Madero, renunció a su cargo y eligió el doloroso destierro.

Madero, bandera de la regeneración patria

   Madero asesinado fue sin duda una bandera de la regeneración patria. “Hay ocasiones en que el interés de la masa reclama la sangre del justo para limpiarse de pústulas. Cada calvario desnuda la iniquidad del fariseo”, dice Vasconcelos.
   En fin de cuentas, a 100 años del asesinato de Madero, es evidente que nuestro país avanza en su desarrollo democrático, aunque a costa de otros muchos sacrificios. Ahora hay hasta alternancia en el poder, cosa que se creía imposible hace apenas dos décadas. Es claro que esta costosa democracia aún arrastra bastantes errores, pero lo bueno es que el camino para corregirlos pacíficamente permanece abierto.

Imagen: Enciclopedia de México.

martes, 23 de octubre de 2012

Entre el amor y el odio


Fuera y dentro del país hay gente que se pregunta qué es lo que anda mal en la sociedad mexicana. Más fácil sería respondernos qué anda bien. Por principio de cuentas, no hay quien pare la escalada de odio, que en los últimos años ha cobrado cerca de 100 mil muertos (10% de la sangre que costó la Revolución de 1910), y estos muertos se han cargado al narcotráfico, cuando realmente hay entre ellos numerosos inocentes. A río revuelto, cualquiera hace de las suyas.
La injusticia, la impunidad, la indiferencia pública ante tan funestos sucesos sientan sus reales en pueblos y ciudades del país. La gente se acostumbra a la mala vida. Sin embargo, esto no es, no puede ser normal.
Los políticos hablan de “recomponer el tejido social”, pero nunca explican lo que esto significa. Al menos reconocen que algo muy importante se rompió en la estructura social, algo dejó de funcionar ahí. Recomponer el tejido significa reconstruir algo destruido, que está roto, en ruinas. Y tratándose de una sociedad, esto no es fácil.
¿Qué fue lo que se rompió? Para saberlo necesitamos averiguar, primero, qué es lo que más une, lo que más integra a una sociedad. El joven poeta liberal Juan Díaz Covarrubias (1837-1859) decía que el lazo que une los eslabones de la cadena social no es otra cosa que el amor, algo muy inestable -admitía-, pero real.
En efecto, tomando en cuenta que la familia sigue siendo la célula de la sociedad, y que su existencia se basa fundamentalmente en el amor, entendemos que lo que se ha roto en la sociedad mexicana es precisamente la cadena del amor, el amor a la patria, el respeto al prójimo y  a la propia familia.
¿Y qué es lo contrario del amor, lo que permea en la sociedad actual?: El odio que surge de las desavenencias por la ambición de poder, del dinero, con sus secuelas de injusticia, impunidad, desigualdad, falta de oportunidades en educación y empleo, abandono de tradiciones, pérdida de identidad y de valores.
En consecuencia, no hay más camino que revalorarnos como mexicanos, atar de nuevo las buenas voluntades y restaurar la moral pública, porque del otro lado está el abismo. La familia, la escuela, la empresa y el gobierno tienen mucho qué hacer en este campo, porque como decía el propio Díaz Covarrubias: Cuando se despoja de amor el esqueleto de la vida lo mismo da ser o no ser, vivir hoy que morir mañana…

martes, 25 de septiembre de 2012

Perfil del nuevo régimen federal


El Presidente electo de México para el período 2012-2018,  Enrique Peña Nieto (PRI), realiza junto con el actual Presidente Felipe Calderón (PAN) los trabajos de transición gubernamental, que habrán de concluir el próximo primero de diciembre.
Es evidente, sin embargo, que ambos personajes no van de acuerdo en puntos de especial trascendencia, como lo muestran las últimas noticias sobre la lucha contra el narcotráfico, que según declaraciones del Presidente Calderón, debe continuar conforme a la actual estrategia, mientras que el Presidente electo anuncia cambios importantes, para poner énfasis en la seguridad de la población.
Todo indica que Calderón no acaba de comprender que con su estrategia antidrogas no sólo acabó con su partido, sino que fracasó rotundamente en su objetivo de darle seguridad al país.
En el equipo de Peña destacan ex funcionarios mexiquenses, es decir, gente de todas sus confianzas, además de la ex perredista Rosario Robles y el ex panalista Roberto Campa, encargados, respectivamente, de la política social y del renglón de seguridad.
Dentro del nuevo equipo presidencial figura Luis Videgaray, considerado como el hombre fuerte del régimen, ya que es el coordinador general de transición y tiene en sus manos tareas tales como la generación del Programa Nacional de Desarrollo.
De igual manera, Miguel Ángel Osorio Chong se perfila como secretario de Gobernación, al quedar en sus terrenos las funciones del ministerio del interior.
Durante las próximas semanas seguirá definiéndose, de manera  más clara, el equipo que acompañará al nuevo Presidente. Esto es del mayor interés para los mexicanos, ya que de este equipo dependerá en gran medida el éxito de su gobierno.
Obligación fundamental de los ciudadanos, en una democracia como la nuestra, es mantenernos al pendiente de estas designaciones, para comprobar que los nuevos funcionarios sean gente capaz, honesta y con  espíritu de servicio, condiciones indispensables para sacar adelante al país.
En el mismo sentido, habrá que estar muy atentos para que si alguno de estos funcionarios incumple sus obligaciones, no esperar  meses y años para exigirle al Presidente su destitución, sino hacerlo de inmediato, una vez que se tengan pruebas suficientes de su mal desempeño.
En otras palabras, démosle al nuevo Gobierno el tiempo perentorio para que enderece el rumbo; si no lo hace, reclamemos.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Mucho ayuda el que no estorba


Desde que los partidos políticos se adjudicaron el derecho de opinar y decidir en todo, a través de “sus representantes” en las Cámaras federales y en los congresos locales, así como en los ayuntamientos, los programas y acciones de gobierno sufrieron un grave retroceso hasta llegar en ocasiones a la parálisis total.
Por donde quiera que se mire, ya sea en el ámbito federal, estatal o municipal, existen a la fecha agendas pendientes, cuyo desahogo es urgente, pero que no han podido avanzar debido a la politización de que han sido objeto por parte de los partidos y de grupos de poder: reformas estructurales, proyectos de agua y de transporte, presas, puentes, carreteras y escuelas son apenas unos cuantos ejemplos de obras y acciones de gobierno suspendidas por conflictos políticos.
Y si a esto agregamos que los medios de comunicación alientan y hasta celebran opiniones de gente que ni conoce los temas ni les interesan siquiera, sino que participan en cualquier discusión por el mero afán de protagonismo o por intereses de grupo, el resultado para la sociedad es desastroso,  porque si hay inconformidad dizque popular, y peor aún si se interponen procedimientos legales en contra de tal o cual acción, lo primero que hace la autoridad es suspender o congelar obras e iniciativas.
En el primer párrafo de este artículo entrecomillé “sus representantes”, refiriéndome a los diputados, senadores y regidores de los diversos partidos políticos, porque éstos, desde el momento en que son electos en las urnas, no representan a los partidos en que militan, sino al pueblo, y por lo tanto no tienen por qué ser incondicionales de partidos, sino de los ciudadanos en general. Éste es el sentido de la verdadera democracia.
En tales circunstancias es necesario abrir en México, y en Jalisco en particular, una nueva etapa en el sistema de gobierno en que sean los técnicos, los expertos, los verdaderos conocedores de cada tema quienes presenten alternativas de solución, y que sean los gobernantes quienes a la vista de estas propuestas decidan lo que deba hacerse, sin pasar por discusiones estériles de políticos y pseudolíderes que sólo llevan agua a su molino.
El hecho es que hay quienes se han pasado la vida –ejemplos sobran-- oponiéndose de manera sistemática a cualquier proyecto de gobierno, sin haber presentado ante la autoridad correspondiente ni una sola alternativa de solución a los problemas que tanto “les preocupan”.
Que opinen los expertos y que decidan los gobernantes no quiere decir que los ciudadanos en general deban mantenerse al margen, por lo contrario, hay que impulsar al mismo tiempo la participación ciudadana en todos los asuntos públicos, a través de los diversos organismos que existen como el Cesjal (Consejo Económico y Social de Jalisco) y de otros que pueden crearse  y promoverse, pero ¡por favor!, que políticos y falsos líderes dejen ya de estorbar. Mucho ayuda el que no estorba, dice el conocido refrán.
Artículo publicado en la edición de agosto/2012 de la revista Portada de México.